Selectividad alimenticia en el autismo: un desafío multisensorial
En niños con Trastorno del Espectro Autista (TEA), la alimentación puede convertirse en un verdadero desafío debido a la interacción de factores sensoriales, conductuales y neurológicos. Las preferencias intensas por ciertos alimentos, el rechazo a texturas, olores o colores específicos, así como la necesidad de rutinas, pueden limitar la variedad alimentaria y afectar la nutrición, el crecimiento y el bienestar emocional. Comprender la selectividad alimenticia como un desafío multisensorial permite abordar la alimentación desde un enfoque más empático, integral y adaptado a las necesidades del niño y su familia.

Dra. Leidy Pérez, Nutrióloga clínica-Obesologa y dietista
La selectividad alimenticia, también conocida como alimentación selectiva o limitada, es un fenómeno frecuente en el autismo y, en realidad, va mucho más allá de lo que comúnmente se considera “ser quisquilloso”. De hecho, aunque la alimentación es una necesidad básica, para muchos niños con Trastorno del Espectro Autista (TEA) comer puede convertirse en un verdadero desafío diario.
En este contexto, vamos a explorar por qué la selectividad alimenticia en el autismo es considerada un desafío multisensorial, cómo se manifiesta, cuáles son sus implicaciones nutricionales y emocionales y, finalmente, qué estrategias pueden ayudar a mejorar la alimentación y la calidad de vida de los niños con TEA y sus familias.
Para el desarrollo de este artículo, conversamos con la Dra. Leidy Pérez, médico con formación en Nutriología Clínica, maestría en Obesología y Dietética y otros estudios afines en el área de la nutrición. Desde su experiencia clínica, la especialista nos da su aporte sobre la selectividad alimenticia en el autismo, explicando por qué no se trata de un simple comportamiento voluntario, sino de un fenómeno complejo con bases sensoriales, nutricionales y neurológicas que requieren un abordaje integral.
¿Qué es la selectividad alimenticia en el autismo?
La selectividad alimenticia se define como la preferencia intensa por ciertos alimentos y el rechazo sistemático de otros, generalmente sin una causa médica evidente.
En niños con TEA, esta selectividad puede ser extrema. Algunos aceptan menos de diez alimentos de manera regular, mientras rechazan cualquier comida que no cumpla criterios muy específicos de textura, sabor, color, temperatura o presentación.
Diversos estudios indican que entre el 50 % y el 75 % de los niños con TEA presentan algún grado de selectividad alimentaria, una cifra considerablemente mayor que en niños con desarrollo típico. Esto sugiere la presencia de factores sensoriales, conductuales y neurológicos propios del autismo.
La Dra. Leidy Pérez enfatiza que no se debe normalizar la selectividad extrema ni abordarla solo desde la conducta. Es fundamental evaluar posibles intolerancias, alergias, alteraciones gastrointestinales y el patrón global de consumo.
La alimentación como un desafío multisensorial
Hablar de la alimentación implica reconocer que comer no depende solo del gusto, sino de la integración de múltiples estímulos sensoriales y dentro de las principales dimensiones sensoriales involucradas tenemos:
Tacto / textura: Muchos niños con TEA presentan hipersensibilidad a alimentos blandos, pegajosos, fibrosos o demasiado crujientes.
Olfato: Olores intensos o desconocidos pueden generar rechazo inmediato, incluso antes de probar el alimento.
Vista: El color, la forma, la presentación o el contacto entre alimentos en el plato pueden ser determinantes.
Gusto: Algunos sabores se perciben como excesivamente intensos o desagradables.
Temperatura: Alimentos muy calientes o muy fríos suelen ser rechazados.
Factores ambientales: Entre estos podemos mencionar el ruido, luces intensas, movimiento o estrés durante la comida pueden influir negativamente.
Esta combinación de estímulos explica por qué la alimentación puede ser una experiencia estresante tanto para el niño con TEA como para su familia. No se trata de un capricho, sino de una respuesta neurosensorial compleja.
Factores conductuales y sociales que influyen en la selectividad alimenticia
Además de los aspectos sensoriales, es importante destacar que, en muchos casos, ciertos rasgos conductuales del TEA también pueden reforzar la selectividad alimentaria; por ejemplo:
Rigidez cognitiva y necesidad de rutina: Donde hay preferencia por los mismos alimentos, marcas, utensilios o métodos de preparación.
Conductas repetitivas: Podemos resaltar en este caso, comer los alimentos en un orden específico o realizar rituales durante las comidas.
Ansiedad y estrés: La presión para comer o los cambios en el entorno pueden intensificar el rechazo.
Dinámica familiar: En ocasiones insistir, forzar o negociar de forma inconsistente puede reforzar los patrones restrictivos.
Consecuencias de la alimentación selectiva en el autismo
La selectividad alimentaria no solo afecta la dieta, sino que, además, influye directamente en la salud general y en el bienestar emocional. Entre sus posibles consecuencias se incluyen:
Déficits nutricionales: Falta de hierro, zinc, calcio, vitaminas A, C y del complejo B.
Problemas digestivos: Pueden surgir problemas digestivos como el estreñimiento, diarrea o malabsorción. Especialmente cuando predomina el consumo de alimentos ultraprocesados.
Alteraciones del crecimiento y desarrollo: Una alimentación de este tipo impacta en el peso, talla y desarrollo cognitivo.
Afectación social y emocional: Puede verse ansiedad a eventos sociales, rechazo escolar y conflictos familiares.
Evidencia científica sobre la selectividad alimenticia en el autismo
Una revisión sistemática publicada en Nutrition Reviews (Oxford University Press, 2023) analizó múltiples estudios que compararon los hábitos alimentarios de niños con TEA y niños con desarrollo típico. Los resultados mostraron que los niños con TEA presentan:
- Mayor selectividad alimentaria,
- Mayor neofobia (miedo a probar nuevos alimentos),
- Fuerte asociación con alteraciones del procesamiento sensorial oral.
Esto confirma que la selectividad alimenticia es más bien una respuesta neurosensorial genuina. Otro estudio comparativo encontró que el 60,6 % de los niños con TEA presentaban selectividad alimentaria, el 50 % mostraba ingestas nutricionales inadecuadas y se observaban más conductas de ansiedad durante las comidas.
Conversando con el experto:
Aporte clínico desde la Nutrición, Dra. Leidy Pérez
La Dra. Leidy Pérez, Médico General egresada de la UASD, con postgrado en Nutriología Clínica, maestría en Obesología y Dietética, egresada del Instituto Tecnológico de Santo Domingo (INTEC) y otros estudios en el área de la nutrición, está cursando una maestría en Alergología en la Universidad TECH; explica que muchos niños con TEA no rechazan los alimentos por falta de voluntad, sino por alteraciones reales en el procesamiento sensorial y la tolerancia digestiva. Desde la perspectiva clínica, la selectividad alimenticia en el autismo representa un reto que va más allá del comportamiento.
Cuando una dieta es extremadamente limitada, con frecuencia, es posible encontrar deficiencias de macro y micronutrientes esenciales; en consecuencia, esto afecta el crecimiento, el desarrollo cognitivo y la respuesta inmunológica.
La Dra. Leidy Pérez enfatiza que no se debe normalizar la selectividad extrema ni abordarla solo desde la conducta. Es fundamental evaluar posibles intolerancias, alergias, alteraciones gastrointestinales y el patrón global de consumo.
El objetivo terapéutico no es forzar al niño a comer, sino acompañarlo de forma respetuosa, ampliando gradualmente la tolerancia alimentaria, reduciendo la ansiedad y mejorando la relación con la comida mediante un trabajo interdisciplinario y familiar. Donde Lo recomendable es:
- Respetar las preferencias sensoriales del niño,
- Incrementar gradualmente la diversidad nutricional,
- Reducir el estrés familiar,
- Mejorar la experiencia social de la alimentación,
- Evaluar de forma continua el estado nutricional.
La selectividad alimenticia en el autismo no es un problema aislado, sino un desafío multisensorial que requiere paciencia, comprensión y estrategias personalizadas.
La Dra. Pérez trabaja como Médico Regulador en el 911(RD), se desempeña también como facilitadora del INFOTEP ( Instituto Nacional de Formación Técnico Profesional) e imparte charlas educativas según le soliciten. Consulta los lunes y viernes previa cita en el Centro de Salud Integral-SONODENSI en manoguayabo (pueden comunicarse al teléfono +1 (829) 905-6089) y sábados de 8-12 del mediodía en la Fundación Activo 20-30 (teléfono: 809-331-2030) frente al dermatológico Humberto Bogaert Díaz.
Pueden contactar a la doctora también a través de las redes sociales de ambos centros de salud y las redes sociales personales en Instagram y Facebook: @leidylpereza
Finalmente concluimos con lo siguiente: La selectividad alimenticia en el autismo combina factores sensoriales, conductuales y nutricionales que influyen profundamente en la vida del niño y su familia. Comprender esta experiencia multisensorial permite aplicar intervenciones más empáticas y efectivas.
El acompañamiento adecuado, la intervención interdisciplinaria y la constancia pueden ayudar a los niños con TEA a desarrollar hábitos alimenticios variados, saludables y sostenibles, mejorando no solo su nutrición, sino también su calidad de vida y bienestar emocional.
