Grounding: una práctica bajo la lupa científica

El grounding se ha popularizado como una práctica que propone conectar el cuerpo directamente con la Tierra para obtener beneficios para la salud. Aunque algunos estudios han descrito posibles efectos sobre el sueño, el estrés, el dolor y otros parámetros fisiológicos, la evidencia disponible sigue siendo limitada. Analizamos qué se sabe hasta ahora y qué falta por demostrar.

Grounding

¿Qué es el grounding?

El término grounding, también conocido como earthing, se utiliza para describir el contacto directo de la piel con la superficie de la Tierra. La forma más sencilla de practicarlo consiste en caminar descalzo sobre césped, tierra o arena, aunque también puede realizarse permaneciendo sentado o acostado sobre una superficie natural.

El concepto se basa en la hipótesis de que la superficie terrestre posee una carga eléctrica y que, al entrar en contacto directo con ella, podrían transferirse electrones al organismo y producir cambios fisiológicos.

Algunos defensores del grounding sostienen que el uso habitual de zapatos con suelas aislantes y la vida en espacios interiores han reducido nuestro contacto eléctrico con la Tierra.

Aunque esta hipótesis ha sido investigada, sus posibles implicaciones para la salud todavía no cuentan con suficiente evidencia clínica de alta calidad.

¿Qué beneficios se atribuyen al grounding?

Las investigaciones realizadas hasta ahora han explorado posibles efectos del grounding sobre diferentes variables relacionadas con la salud.

Entre los beneficios propuestos se encuentran una mejor calidad del sueño, disminución del estrés, reducción del dolor y la inflamación, cambios en la circulación sanguínea y modificaciones en determinados parámetros fisiológicos.

Uno de los primeros estudios examinó a 12 personas con problemas de sueño, dolor y estrés que utilizaron durante ocho semanas un sistema conductor conectado a tierra mientras dormían. Los investigadores observaron cambios en el patrón diario de cortisol y los participantes informaron mejorías en el sueño, el dolor y el estrés.

Estos resultados despertaron interés en el grounding, pero el reducido número de participantes y la utilización de medidas subjetivas limitan considerablemente las conclusiones que pueden extraerse.

Otros trabajos posteriores también han descrito cambios fisiológicos asociados con el contacto a tierra. Sin embargo, gran parte de la investigación continúa formada por estudios pequeños, estudios piloto y revisiones de un número limitado de investigaciones.

¿Qué dice la evidencia científica sobre el grounding?

Este es probablemente el aspecto más importante al analizar esta práctica.

Existen estudios publicados que han encontrado resultados positivos, por lo que no sería correcto afirmar que el grounding nunca ha sido investigado. El problema está en determinar si esas investigaciones proporcionan evidencia suficientemente sólida para recomendarlo como una intervención de salud.

Por ahora, la respuesta es no.

Una parte importante de los estudios disponibles incluye pocos participantes, presenta limitaciones metodológicas o necesita ser reproducida mediante investigaciones independientes y de mayor tamaño.

Además, estudiar el grounding al aire libre plantea una dificultad adicional: separar los posibles efectos del contacto eléctrico con la Tierra de los beneficios asociados con caminar, realizar actividad física, relajarse o simplemente pasar tiempo en un entorno natural.

Cleveland Clinic señala que la investigación disponible sobre earthing es limitada y que algunos estudios presentan problemas relacionados con el tamaño de las muestras, el diseño o el análisis de los datos. Incluso los estudios de mejor calidad siguen siendo demasiado preliminares para establecer conclusiones definitivas.

Por esta razón, actualmente no existe evidencia clínica suficiente para afirmar que el grounding pueda prevenir o tratar enfermedades.

Grounding y caminar descalzo no son exactamente lo mismo

Aunque frecuentemente se utilizan como si fueran equivalentes, conviene hacer una distinción.

Caminar descalzo es una actividad; el grounding plantea una hipótesis sobre los posibles efectos del contacto eléctrico con la Tierra.

La locomoción sin calzado ha sido estudiada desde el punto de vista de la biomecánica. Una revisión sistemática que reunió 15 estudios y 8,399 participantes encontró algunas diferencias entre las personas que habitualmente caminaban o corrían descalzas y aquellas que utilizaban calzado, especialmente en determinadas características del pie y patrones biomecánicos. Sin embargo, los autores consideraron limitada o muy limitada la evidencia sobre los efectos a largo plazo de la locomoción descalza en la biomecánica y los resultados relacionados con la salud.

Por tanto, tampoco deberíamos asumir que caminar descalzo es necesariamente superior a caminar con un calzado adecuado.

El contacto con la naturaleza y la actividad física

Existe otro aspecto que no debería perderse en la discusión sobre el grounding: salir al exterior puede formar parte de un estilo de vida saludable independientemente de que la teoría de los electrones llegue o no a demostrarse.

Caminar proporciona actividad física; pasar tiempo fuera de casa puede favorecer el bienestar y alejarnos temporalmente de las pantallas y del sedentarismo. Un paseo por la playa, un parque o un jardín puede reunir varios de estos elementos al mismo tiempo.

Por eso, una persona puede disfrutar de caminar descalza sobre la arena o el césped sin necesidad de atribuir a esta práctica propiedades terapéuticas que todavía no han sido demostradas.

¿Tiene riesgos practicar grounding?

Caminar descalzo no es apropiado en todas las circunstancias. Pueden producirse cortes, heridas, quemaduras por superficies calientes, picaduras o lesiones causadas por objetos que se encuentren en el suelo.

También debe prestarse especial atención cuando existen problemas de sensibilidad en los pies, alteraciones circulatorias u otras condiciones que aumenten el riesgo de sufrir lesiones o dificulten su cicatrización.

Además, los dispositivos comerciales de grounding, como alfombrillas, sábanas o sistemas conectados a tierra, no deben considerarse tratamientos médicos ni utilizarse como sustitutos de terapias indicadas por profesionales sanitarios.

Grounding: una práctica todavía en investigación

El grounding es una práctica sencilla que ha despertado interés tanto entre el público como en algunos grupos de investigación. Los estudios realizados hasta ahora han planteado posibles efectos fisiológicos y beneficios relacionados con el sueño, el estrés o el dolor, pero sus resultados deben interpretarse con cautela.

La evidencia disponible continúa siendo insuficiente para considerar el grounding una terapia capaz de prevenir o tratar enfermedades. Se necesitan ensayos clínicos más grandes, rigurosos e independientes para determinar si existe un efecto fisiológico relevante atribuible específicamente al contacto con la Tierra.

Mientras tanto, disfrutar de un paseo, realizar actividad física y pasar tiempo en espacios naturales siguen siendo prácticas saludables por razones mucho mejor establecidas que la hipótesis específica en la que se sustenta el grounding.


Bibliografía

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  • Cleveland Clinic. Is Earthing Actually Good for You? Here’s What We Know. 2024.

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